lunes, 30 de marzo de 2009

De las Vanidades y la política.

La vanidad y la doble moral son dos de los rasgos principales de la moderna Política mediática.

Según Max Weber (Político y Científico)
La Política significará, pues, la aspiración a participar o a influir en la distribución del poder entre los distintos Estados, o dentro de un mismo Estado, entre los distintos grupos de hombres que lo comparten. Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder por.
El estado es una dominación de hombres sobre hombres. Los fundamentos de la legitimidad de una denominación son:
1º) La costumbre.
2º) La autoridad de la gracia personal (carisma).
3º) Legitimidad basada en la legalidad.
En el segundo punto es donde situamos a los políticos por vocación.
El estado moderno es una asociación de dominación con carácter institucional que ha tratado, con éxito, de monopolizar dentro de un territorio la violencia física legítima como medio de dominación y que, a este fin, ha reunido todos los medios materiales en manos de su dirigente y ha expropiado a todos los funcionarios estamentales que antes disponían de ellos por derecho propio, sustituyéndolos con sus propias jerarquías supremas.
Hay dos formas de hacer de la política una profesión: o se vive para la política o se vive de la política. La oposición no es en absoluto excluyente. Por el contrario, generalmente se hacen las dos cosas. La transformación de la política en una empresa, determinó la división de los funcionarios públicos en dos categorías bien distintas aunque no tajantes:
A) Funcionarios profesionales.
B) Funcionarios políticos: que pueden ser trasladados o destituidos a placer y a quienes está atribuido el cuidado de la administración interna en general.
El auténtico funcionario no debe hacer política, sino limitarse a administrar, sobre todo imparcialmente.
El funcionario descarga la responsabilidad sobre la autoridad superior. Mientras que el periodista como tipo de político profesional tiene ya un pasado apreciable, la figura de funcionario de partido se ha desarrollado en los últimos tiempos.
Puede decirse que son tres las cualidades decisivamente importantes para el político:
1º) Pasión. 2º) Sentido de la responsabilidad. 3º) Mesura.
Pasión en el sentido de entrega apasionada a una causa. La pasión no convierte a un hombre en político sino está al servicio de una causa. Responsabilidad para que esa causa guíe su acción.
Mesura para saber guardar la distancia con los hombres y con las cosas. Por eso el político tiene que vencer cada día y cada hora su mayor enemigo: la vanidad.
En último término, no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política:
1º) La ausencia de finalidades objetivas.
2º) La falta de responsabilidad. La vanidad es lo que más lleva al político a cometer uno de estos pecados o los dos a la vez.
El medio decisivo de la política es la violencia y es posible medir la intensidad de la tensión que desde el punto de vista ético existe entre medios y fines.
La singularidad de todos los problemas éticos de la política está determinada sola y exclusivamente por su medio específico, la violencia legítima en manos de las asociaciones humanas.


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